El Vampiro
Por Draculestat
1 de mayo de 1988, 12:00 pm; Noche de Walpurgis
Rumania estaba azotada por el régimen del dictador Ceausescu.
Las calles obscuras y misteriosas eran un panorama desolado, desconsolador. La propaganda comunista flotaba en el ambiente, como un mensajero de la muerte.
El aire frío de la isla de Sighisoara fue la bienvenida a Boris Ivanov; un joven investigador de la KGV soviética, enviado a obtener información acerca del desvío de recursos internacionales cometido por el gobierno de Ceausescu.
Los tanques abarrotaban el hangar donde aterrizó su helicóptero. Al bajar de éste, otro espía de la KGV lo recibe, dándole instrucciones.
-Te hospedarás en la Posada de Nicolae. Descansa unas horas; te encontraré aquí mismo a las 6 en punto.
El viaje en el taxi por la carretera brumosa no fue del todo agradable.
Al llegar a una vieja casa, evidentemente construida hace algunos siglos; el taxi se detuvo, abandonando a Boris en medio de la noche, en donde supo que pasaría las próximas semanas.
Tocó a la enorme puerta de madera. Al instante, el umbral se vio iluminado por la luz de varias lámparas de gas. Parado en el umbral, estaba un hombre como de unos 40 años, muy alto; pálido, de tupido pelo negro y un espeso bigote que apenas dejaba ver su boca. Vestía un anticuado traje negro que, a juzgar por el olor que despedía, había estado en un closet desde hacía mucho tiempo.
- Soy Nicolae, dueño de la posada; le doy la bienvenida, señor Ivanov- dijo, con un acento inconfundiblemente rumano.
El extraño hostelero lo condujo a través de viejos corredores de paredes enmohecidas, que parecían interminables, hasta una habitación en el fondo de la posada; donde dejó su equipaje. La posada parecía estar desierta, pues no escuchó ninguna voz humana, y en ninguna habitación había luces encendidas.
-Duerma bien, querido señor Ivanov. Mañana, a las doce en punto, cuando el sol haya salido; encontrará su desayuno en el comedor, y no se preocupe por el alquiler, su cuenta ya está pagada...; dijo Nicolae, con un aire que le dio mala espina a Boris
- Agradezco mucho su atención; pero me temo que debo encontrarme con un colega a las 6, Contestó.
- ¡Por ningún motivo! ¿Acaso no le han dicho nada? Hoy es la noche de Walpurgis, ésta noche todos los malos espíritus que azotan a los vivos recorren libremente nuestra patria, aquellos que roban los años, con el fin de seguir existiendo. Los Nosferatu salen de sus tumbas . Usted no se irá de aquí hasta que el sol haya salido.
¿Nosferatu? Supersticiones de ignorantes; pensó Boris disgustado por el tono en que le había hablado Nicolae. Hizo caso omiso de su advertencia, y entró a la habitación. Nicolae desapareció.
Boris se quitó la ropa y de inmediato se metió a la cama. Fijo la hora de su despertador a las 5:30.
Al instante se quedó dormido, y en sus sueños no dejaba de escuchar la terrible frase: Noche de Walpurgis, Noche de Walpurgis... De sangre bebida sin cesar, es en toda la tierra sólo un gigantesco altar, donde todo cuanto tiene vida debe ser sacrificado sin fin, sin cesar...Walpurgis...
El sonido del despertador fue estridente, haciendo a Boris volver de su sueño. Estaba sudando frío. No temas, se dijo a sí mismo, son sólo supersticiones.
Rápidamente se vistió y se dirigió a la entrada de la posada. Mucha fue su sorpresa al notar que la puerta estaba cerrada con llave. Regresó caminando por la oscuridad y decidió ir por unas escaleras que descendían. Llegó a un sótano muy oscuro y encendió una vela que encontró al pie de la escalera. Cual no sería su horror al observar la figura que la luz reveló:
Un ataúd...
Quedó paralizado. ¿un ataúd?. No es posible, mi mente me está jugando una broma; que Dios me proteja; se repetía a sí mismo.
Tengo que despertar a Nicolae, pensó. Tengo que irme de aquí...
-No necesita despertarme; señor Ivanov.
La voz hueca y resonante le heló la sangre. Volteó hacia atrás; tan solo para confirmar que allí se encontraba Nicolae, vestido tal y como lo había visto la noche anterior.
- Tengo que irme. Por favor abra la puerta; suplicó Boris.
- Me temo que eso no es posible- Contestó Nicolae- Sabe? Muy rara vez alguien se para en esta posada; de hecho, no había habido nadie desde hace ya algunas décadas. No querrá privarme del placer de su visita...
En ese instante; todo se obscureció. El desafortunado Boris no pudo ver nada, a excepción de dos pequeños dientes blancos en medio de la oscuridad, y dos ojos rojos fulgurantes, como el mismo infierno. Después, la espesura de la oscuridad. Tan solo escuchaba la voz del viejo Nicolae , susurrándole al oído:
Yo se lo advertí, señor Ivanov. Es la noche de Walpurgis. Si me hubiera escuchado, el sol hubiera sido su salvación. Mi matriz empedrada, enmarañada con flores marchitas, me ha abierto una vez más la puerta al mundo, para alimentarme del corazón del joven; del vino cálido, viviente, para continuar cumpliendo mi maldición, desde hace 400 años hasta el fin de los tiempos.
Buenas noches señor Ivanov, no olvide volver a la posada de Nicolae.
* * *
El cadáver de Boris Ivanov fue encontrado por el ejército rumano sin una sola gota de sangre; no obstante, sin heridas aparentes. Su rostro estaba marcado con una horrible mueca de terror.
Ellos sabían que hacer. Todo rumano lo sabe: Cortaron su cabeza, le clavaron una estaca en el corazón y lo enterraron en un cruce de caminos. Uno menos de la plaga.
Se siguieron desviando fondos por el dictador Ceausescu.
El único que pudo haber aportado elementos para el desmantelamiento de la dictadura no pudo cumplir su misión.
La noche de Walpurgis fue su última noche. Los malos espíritus embrujan a los vivos; y aquellos que llevaron una vida de mal regresan a drenar la vida de los pobres desafortunados que se topan en su trágico camino. Los Nosferatu, muertos vivos, dominan las tejas heladas de los pueblos, alimentándose de sus moradores
Boris había caído bajo el beso del vampiro; quien, a lo largo del camino de los muertos; obscuramente va en lo alto.
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